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lunes, 31 de marzo de 2014

Decadencia.

 


Por los jardines, a los que da acceso la vieja puerta, hace siglos paseaba un rey muy poderoso. Ahora se puede observar el deterioro y la dejadez; la misma que sufre nuestra "querida" España. La modernidad, un espejismo que sufrimos en el 78, parece que sólo fue eso y mientras no acabemos con las viejas glorias, los elefantes pesados, que aspiran a eternizarse en sus aposentos, no pasaremos páginas. Hay que quemar velas sin complejos, sin complacencias. Más pragmatismo y menos dogmatismo político.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Divagando.

 
 
Detalles cuidados para hacer más agradable la vida. Camino por callejuelas de un pueblo perdido, apenas me encuentro con uno o dos paisanos que me indican el camino a seguir. Capto la esencia de un momento y me pregunto porque estoy allí, tan lejos de lo cotidiano. Los acontecimientos se encadenan sin quererlo. Observas la belleza sin aderezos excesivos. Cuando la realidad se impone te das cuenta de que casi todo es inamovible, aunque digan lo contrario. Al elegir la foto que ilustran estas palabras he pensado en una imagen que he visto desde el domingo: los dos nietos de Adolfo Suárez, hijos de Adolfo Suárez, Jr. Ya sé que en nuestra cultura la muerte puede ser tomada con demasiada seriedad o sobriedad y que a los niños se les suele apartar de participar de las ceremonias por no sé qué miedo a que se traumaticen o no sepan afrontar con dignidad los momentos de máximo dolor, pero lo de estos dos niños en el funeral de su abuelo ha sido una especie de exposición al público, una presentación en "sociedad". Un reportero llega a decir que: "...el mayor es un niño muy comprometido socialmente...". Y a mi me da la risa, porque tengo la sensación de que su famoso papá ha hecho de ellos unas pequeñas estrellas que se han codeado con toda la élite política.
¡¡¡Que no se pierda la "casta"!!!.

martes, 11 de marzo de 2014

Un día cualquiera.




Media vida, mal vivida.
Dos vidas, incompletas.
Tres vidas, enfrentadas...
Pareciera un galimatías, pero no lo es. Ni el bien ni el mal son perennes o eternos. Vienen, van, se instalan un tiempo, nos hacen sufrir o alegrar y se marchan hasta la próxima vez. El sujeto padece los envites externos, se adapta tan bien a ellos que la razón se le escapa. Dos listados, doce nombres, horas fijadas, vidas prestadas al albur de un semejante togado que estimará o no si tus pretensiones valen un cuarto de libra. Lástima de la deshumanización que observo en una mañana fría previa a la primavera. Tanta belleza fuera y tanta miseria dentro.