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miércoles, 9 de enero de 2013

El intolerable político.

Vivimos la cultura del "todo vale" aunque sea el más grave de los delitos que pueda cometer un servidor público y así es como vamos aceptando, con un cierto nihilismo o una negación de cualquier tipo de responsabilidad, el actual estado de la res pública. Usar negaciones o vericuetos lingüísticos no es la solución y, ni mucho menos, llamarnos a los ciudadanos para que sacrifiquemos los pocos derechos que aún nos quedan para salvarles de la quema. Han estado usando la "política del miedo" alegando que la sociedad se desploma, que se hunde la cultura, que perdemos identidad nacional o religiosa y  que como único remedio para salir del pozo hay que arrimar el hombro desde abajo, desde nuestra posición de desfavorecidos. No les ha dado por desdramatizar, desestigmatizar, informar imparcialmente y explicar con claridad la raíz de todos los problemas que nos han llevado al caos económico, financiero, social y político. Es curioso leer que la OCDE critica a Rajoy porque la actuación contra la corrupción en España no ha sido todo lo eficaz que se esperaba??...y D. Mariano sigue cruzado de brazos esperando que los problemas se resuelvan por un milagroso golpe de suerte. Nos vemos estigmatizados por el fraude y la corrupción, pero nos cruzamos de brazos (...damos nuestro voto a políticos corruptos...) y miramos para otro lado porque, en el fondo, casi todos estamos relacionados en mayor o menor medida con éstas conductas. Los que han de dar ejemplo no lo hacen, pero en la pirámide social no se salva nadie. Ponemos nombres o caras??. La corona, los políticos, el poder judicial, notarios, banqueros, profesionales liberales que, en la época de la burbuja inmobiliaria, han actuado con mala praxis. ¿Podriamos calificar el fraude en dos vertientes: El cotidiano y el de gran escala?. Un claro ejemplo que puede ilustrar lo que quiero traer a colación: el caso de BALTAR (y tantos  como ése que se dan en las Diputaciones, Ayuntamientos, independientemente del partido que gobierne...). El político compra la voluntad ciudadana mediante contratos de trabajo ilegales. No vamos a descubrir nada nuevo, sólo cabe que reaccionemos y no miremos para otro lado, no justifiquemos a los delincuentes y, mucho menos, les demos nuestro voto de confianza. La última cagada informativa es la noticia del día: un partido se financia ilegalmente y llegan a un pacto con el fiscal para no ir a prisión. Está bien porque van a devolver gran parte del dinero que se llevaron, pero ello no significa que éticamente sea correcto. Legalmente es aceptado, pero moralmente es repudiable...

4 comentarios:

  1. Se ha lucido usted, (permitame que la trate de usted). Lo ha explicado muy bien, solo los lerdos lo interpretaran sesgadamente. No importa, ha dado usted en el clavo.
    Saludos cordiales.

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  2. Perfecto, yo añadiría lo que dijo Groucho Marx: “la política es el arte de buscar los problemas, no encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar los remedios equivocados”.

    Saludos
    Mark de Zabaleta

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  3. y mientra tanto....todo sigue igual!!!!

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  4. La palabra es: impunidad. El resultado es una sociedad más cínica. En lugar de buscar la regeneración desde las alturas se promueve el "vale todo" y el "tonto al que le pillen".

    A este respecto, los países del sur de Europa parecemos condenados a la mediocridad.

    Es triste pero...

    Un saludo

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